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Pennsylvania define el destino de Trump
Por Milton Merlo
Es el estado donde el presidente no puede perder si quiere permanecer en la Casa Blanca.

Días atrás el consultor electoral David Axelrod participó de un popular podcast de Estados Unidos. Axelrod es una leyenda en ese negocio en el país vecino y fue el ideólogo de la campaña de Barack Obama en 2008. De fuerte predicamento entre los demócratas, el asesor fue rutilante al afirmar que en la narrativa de la campaña, el presidente Donald Trump lleva la delantera: la campaña gira más en torno a quien podrá recuperar la economía post-pandemia que respecto al desempeño de Trump en la Casa Blanca.

El diagnóstico tiene un ancla en las encuestas. La brecha se está cerrando y Joe Biden ya no tiene la ventaja de hace un mes. Como definiera la semana pasada James Parker, editorialista del semanario The Atlantic, esta elección no tiene demasiada épica ni emoción, el voto es racional y los indecisos van en retroceso. 

La diplomacia mexicana que monitorea la contienda le avisó al canciller Marcelo Ebrard que el estado de Pennsylvania se está convirtiendo en el "battleground" más determinante. Si Trump pierde allí, lo más probable es que no consiga la mayoría en el Colegio Electoral.

Pennsylvania es una foto bastante completa de lo que es Estados Unidos a nivel país. Tiene su parte industrial de "rust belt", donde los republicanos ganaron hace cuatro años pero también tiene Filadelfia, que es un bastión demócrata.  En el centro-sur es fuerte el voto religioso, en los suburbios de las ciudades hay 30% más de latinos que hace cuatro años y en el norte del estado Trump hizo campaña hace una semana diciendo que Biden les quitaría sus rifles a los ciudadanos.

En ese territorio se define gran parte del destino de Trump. Puede perder Michigan, Wisconsin o incluso Arizona. Pero no tener los 20 votos de Pennsylvania en el Colegio Electoral sería un golpe drástico. Hace cuatro años ganó allí por 46 mil votos.

Los demócratas conocen este panorama y por eso refuerzan su acción en redes sociales allí. Sin posibilidad de hacer actos masivos por la pandemia, internet se convierte en el territorio a disputar. Caitlin Mitchell lidera la estrategia digital de un Biden que tiene tres veces menos de seguidores en sus redes que Trump.

A lo largo de Estados Unidos los demócratas tienen actualmente 120 mil voluntarios digitales que hacen llamadas telefónicas, envían mensajes en redes y escriben por Whats App. Cuando inicie octubre Pennsylvania  estará entre los cinco estados que aglutinarán el 50% de esa fuerza.

Trump, que lleva años instalado en las redes, atraviesa la campaña con diversos actos para ganar la agenda mediática. Cada acción que hace el presidente se conecta rápidamente con la elección en curso. El giro más reciente es una lista de nuevos candidatos para la Corte Suprema. En la selección de Trump hay tres senadores republicanos, juristas de prestigio y jueces del circuito de apelaciones. Tras dar a conocer la lista dijo que sería bueno que Biden publicara también su lista de eventuales nominados.

Trump quiere reforzar la idea en el electorado de que Biden no puede decir lo que va a hacer, que gran parte de su programa de gobierno sería impopular y que por eso lo oculta. En paralelo el presidente le dio 18 entrevistas al periodista Bob Woodward donde prácticamente se auto incrimina en el desastre que la pandemia ha causado en su país. Con esa lógica, que es muy similar a 2016, Trump se encamina a la batalla por su reelección.

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