Bancadas
Salvando a la vaquita amarilla
Por Miguel Ángel Sosa
¿Por qué no importa tanto la agenda verde? Hay más dinero para ocurrencias que para lo que importa.

No se puede hablar de progreso si éste no conlleva la protección del medio ambiente, ya que el desarrollo sustentable hoy es mucho más que una moda o un cliché. Porque para pensar en futuro se necesita primero asegurar que exista un futuro. Por eso son indispensables las políticas públicas encaminadas a construir un mañana con lo que aún nos queda hoy.

Entonces, si es tan clara la ruta y ya todos sabemos qué se tiene que hacer. ¿Por qué el gobierno lo ve de una forma diferente? ¿Por qué las prioridades son otras? ¿Por qué no importa tanto -o nada- la agenda verde?

Porque desgraciadamente ese tema no vende, no da votos, ni prebendas. Aunque a la vuelta de tuerca, lo llegue a significar todo. Y no necesitamos ir muy lejos para advertir que tal vez -sólo tal vez- es momento de actuar a favor de la naturaleza.

Porque a los mexicanos nos sobran -hoy en día- las catástrofes ambientales. Desde los quemados pastizales de Campeche, el sargazo que ahuyenta turistas en la Riviera Maya y la contaminación asfixiante de la Ciudad de México.

Sin olvidar el desmonte de mangle y los tormentas atípicas en innumerables estados del país. Qué decir de los incendios que devastan el norte, centro y sur de México.

Y ahí, salen a relucir los recientes recortes al presupuesto de la Comisión Nacional Forestal, y la suspensión del programa de empleo temporal, que incluía -así como lo lee- a quienes se encargaban de combatir precisamente los incendios.

Eso sin hablar de los apoyos anunciados para la plantación de árboles frutales y maderables sin medir las consecuencias de fomentar entre la gente el desmote de sus comunidades para expandir la frontera agrícola y ser beneficiarios de un programa gubernamental.

Y aunque suene a broma, la vaquita marina enfrenta un mayor riesgo que su hermana. Porque si se comprueba que hay más dinero para las ocurrencias que para lo que de verdad importa, la vaquita amarilla del diputado Sergio Mayer -créanlo- será la que sobreviva.

Porque si de algo deberían estar seguros nuestros políticos es que cuando se acaben las selvas y bosques y queden contaminadas nuestras aguas, no sólo se acabarán nuestros recursos sino también sus votantes. Ahí tal vez, algo de esto importe.

ENTRE TELONES. La Reforma Educativa se esfumó y con ella la esperanza de los padres de familia que quieren un mejor futuro para sus hijos. Papás y mamás a los que por cierto, ni les preguntaron si querían que los maestros pasaran por una evaluación obligatoria. ¿Hubieran dicho que sí?


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