Región
Trump, Bolsonaro o cómo hablarle a la pared
Por Gilberto P. Miranda
La derecha le gana la batalla a la izquierda porque esta última ha cometido el error de intentar correrse a un centro que realmente no existe.

 "Como hablarle a la pared", solían decir madres y padres cuando se referían a peticiones o instrucciones ignoradas por los hijos. Seguramente la frase seguirá siendo usada en las aulas cuando los docentes desesperan con la clase. "Te sale por un oído y te entra por el otro", es otra del arsenal de amonestaciones.

La inhabilidad de comunicarse lleva a la desesperación. No ser escuchado por otros resulta frustrante, pero esta cerrazón se ha vuelto un elemento cada vez más común al momento de entender y transmitir lo político.

Actualmente surgen cada vez más grupos de lo que denomino "audiencias pared", es decir, aquellas donde los mensajes no pasan, donde las ideas rebotan, donde los hechos se estrellan. El consumo y reproducción de las noticias falsas tiene un importante componente de ignorancia y falta de sentido crítico, pero el apoyo a la "posverdad" y sus personajes podría tener un trasfondo moral.

¿De qué manera puede explicarse que un personaje como Donald Trump, acusado de faltas como fraude fiscal, misoginia, racismo y abuso sexual -por listar algunas- haya ganado la presidencia de la principal economía del globo? ¿Cómo puede ser que Jair Bolsonaro, un político abiertamente misógino, homófobo y partidario de la tortura y el autoritarismo esté a un paso de ganar la presidencia de Brasil?

La respuesta podría encontrarse en parte en la teoría de que la mente funciona a base a encuadres (frames), que son básicamente las ideas con las que entendemos el mundo, y esas ideas son en esencia postulados morales.

Uno de los principales estudiosos del framing político es George Lakoff, profesor de lingüística de la Universidad de California en Berkeley. Lakoff argumenta que la derecha ha venido ganando la batalla del discurso a la izquierda (entendida en el contexto norteamericano como el pensamiento progresista) porque esta última ha cometido el error de intentar correrse a un centro que realmente no existe, debilitándose en el proceso.

En contraste, los conservadores son más audaces y duros al expresar su visión, primordialmente debido a que hablan desde una posición moral y apelan a los valores de sus votantes. Los progresistas buscan usar las armas de la razón y los hechos, pero estas no funcionan ante personas que están siendo atraídas e inspiradas por postulados morales.

De esta manera, puede explicarse que haya una audiencia que defienda a capa y espada la Guerra contra el Narco de Felipe de Calderón, ignorando o justificando las muertes y violaciones a derechos humanos: quizá consideraban que las personas que estaban muriendo "se lo buscaron", "son criminales", "se lo merecían". Alguna vez escuché decir a un supuesto líder de la sociedad civil que "los derechos humanos son para las personas derechas" ¿Qué es eso, sino un postulado moral?

Lakoff explica la visión conservadora de la política estadounidense bajo la figura del "padre estricto", donde la autoridad es vista como vertical, la disciplina como necesaria e incluso parte de una expresión "amorosa", el mundo como un lugar peligroso que se explica por jerarquías: ricos sobre pobres; adultos sobre niños; occidente sobre el resto del mundo; hombres sobre mujeres; heterosexuales sobre homosexuales. Este tercio de la población que se identifica con esta lógica constituye casi en su totalidad la base Trumpista, volviéndose inmunes a hechos y datos, pues estos se estrellan contra la pared de una visión moral llevada cada vez más al extremo.

¿No habrá una escalofriante similitud con la reacción virulenta de una buena parte de la opinión pública mexicana ante la caravana de migrantes centroamericanos? Resulta vergonzante ver cómo se espetan insultos y agresiones que son casi un espejo de los insultos que en su momento Trump lanzó contra los mexicanos, para nuestra indignación generalizada ¿Cuál es el encuadre político-moral de las personas que consideran que los migrantes son flojos, pobres, morenos, de un país pequeño y quién sabe qué características más que los vuelven, a sus ojos, inferiores?

El Maestro Eric Hobsbawm tituló a su estudio del Siglo XX "la edad de los extremos", analizando las catástrofes causadas por el socialismo de Estado, los nacionalismos fascistas y el capitalismo. Esos "extremos" parecen despertar de nuevo, pues todo indica, nunca fueron erradicados, sino que entraron a un sueño profundo que esperaba las condiciones oportunas para resurgir.

La batalla por el pensamiento progresista, por el humanismo, la ciencia, los hechos y la verdad; por la razón misma, pasa en gran medida por el encuadre, es decir, las palabras que elijamos para articular nuestro pensamiento y posturas políticas.

Tenemos que comunicarnos conectados con nuestros valores, asumiendo sin miedo la defensa de la moralidad progresista, de otro modo, le seguiremos hablando a la pared. Como lo escribió Alfonso Reyes: "Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad".

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